A los 46 años, Elena Siquila construyó una trayectoria en la minería de Salta que comenzó lejos de los equipos de gran porte. Ingresó en 2017 a la mina Lindero, operada por Mansfield Minera, a través de un servicio de catering. Desde la cocina, se animó a cambiar de rumbo, se capacitó en la operación de maquinaria pesada y hoy busca transmitir sus conocimientos a otras mujeres de la Puna salteña.
Su historia comenzó cuando surgió la posibilidad de formarse para conducir camiones fuera de ruta. Hasta ese momento, Elena no sabía manejar y había completado sus estudios hasta séptimo grado. Además, creía que la falta de educación secundaria podía impedirle acceder a la capacitación.
Pese a las dudas iniciales, decidió intentarlo. Aprendió a conducir, incorporó conocimientos técnicos y logró desempeñarse en la operación de camiones mineros. Ese primer paso abrió nuevas oportunidades laborales y le permitió continuar su formación dentro de la actividad.
Sin embargo, el camino no estuvo libre de obstáculos. Durante su aprendizaje recibió comentarios que cuestionaban sus capacidades por ser mujer. Entre ellos, recordó una frase que marcó aquella etapa: «Volvé a tu olla».
Lejos de abandonar, Elena convirtió esos prejuicios en un impulso para seguir aprendiendo y demostrar que también podía desempeñarse en tareas tradicionalmente asociadas con los hombres.
DE LOS CAMIONES A LA MOTONIVELADORA
Después de adquirir experiencia con camiones fuera de ruta, se propuso aprender a operar otros equipos. Uno de sus mayores desafíos fue la motoniveladora, una maquinaria que, según su testimonio, no era operada por otras mujeres de la Puna salteña.
Aunque volvió a escuchar comentarios que ponían en duda sus posibilidades, insistió hasta conseguir la capacitación necesaria. De acuerdo con su relato, actualmente es la única mujer de esa región con experiencia en la operación de este equipo.
Su recorrido también incluye tareas como controladora de flota, una función que requiere conocimientos informáticos y el manejo de herramientas tecnológicas. Además, continúa trabajando por temporadas en ese sector y suma experiencia en distintas áreas de la operación minera.
Cada nueva responsabilidad representó una oportunidad para ampliar sus conocimientos y construir una trayectoria que comenzó sin experiencia al volante ni formación técnica previa.
EL APOYO DE SUS HIJOS Y EL DESAFÍO DE TRABAJAR EN LA MINA
El acompañamiento de sus tres hijos fue fundamental para que Elena se animara a iniciar su capacitación y sostuviera el esfuerzo durante el proceso de aprendizaje.
La modalidad laboral también implica sacrificios familiares. Su régimen de trabajo es de 14 días en la mina y otros 14 de descanso, con jornadas de 12 horas que pueden incluir turnos nocturnos. La distancia y la imposibilidad de compartir determinadas celebraciones familiares forman parte de las dificultades que enfrenta en su vida cotidiana.
Aun así, considera que la experiencia adquirida le permitió crecer profesionalmente y acceder a oportunidades que inicialmente parecían lejanas.
UN SUEÑO: ABRIR CAMINO A OTRAS MUJERES
Elena todavía tiene nuevos objetivos de formación, entre ellos aprender a operar una topadora y una retroexcavadora. Pero su principal aspiración va más allá de continuar creciendo en su puesto de trabajo.
Su sueño es capacitar a otras mujeres de la Puna salteña para que puedan acceder a empleos en la minería y desarrollar sus propias trayectorias laborales.
Su historia refleja los desafíos que enfrentan las mujeres que buscan incorporarse a puestos operativos en una actividad históricamente dominada por hombres. También pone de relieve la importancia de la capacitación, la experiencia y el acceso a oportunidades laborales.
Desde su ingreso a la mina Lindero, Elena pasó de trabajar en la cocina a operar maquinaria pesada y desempeñarse en tareas de control de flota. Ahora quiere que otras mujeres puedan recorrer un camino similar y demostrar sus capacidades dentro de la industria minera.










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